Así ven a @ahorapodemos desde Venezuela


No es novedad para nadie que el discurso de Podemos, de un tiempo a esta parte, ha intentado abarcar no sólo lo que sus dirigentes llaman la “centralidad”, sino el centro político entre izquierda y derecha. Entre este giro, la construcción de Ciudadanos, la campaña de algunos medios y partidos y su cambio de estilo dialéctico han perdido un gran fuelle, tanto en los sondeos electorales como en los titulares de prensa.

Desde este blog no se apuesta por ninguna fuerza política en particular, pero duele que, más allá de tacticismos electorales, se reniegue de la verdad. Duele ver que personas como Pablo Iglesias, que han trabajado realizando estudios y asesorando al gobierno venezolano, nieguen la mayor y afirmen que los golpistas venezolanos, fascistas desalmados, no deberían estar presos pese a sus delitos y conspiraciones sangrientas. Duele también, y a la vez, que callen o hablen muy bajito sobre la represión contra anarquistas, jóvenes luchadores y las gentes combativas a lo largo de todo el estado español.

Habrá quien diga que es mejor optar por esa estrategia, que decir la verdad lleva a perder votos… pero la realidad es que la cosa no puede ir a peor. Y mucha gente va pensando que, siendo blanditos, siendo tan buenos chicos, siendo tan condescendientes con el poder capitalista, poco se puede esperar. Quien abandona la estética luchadora hace que pensemos que no luchará, sino que “pactará y dialogará” con el enemigo.

En cualquier caso, hablábamos de qué opinaban en Venezuela sobre Podemos. Los golpistas no les perdonan su pasado, por mucho que ahora casi les califiquen de presos políticos. ¿Y los revolucionarios y revolucionaras, quienes apoyan el proceso bolivariano? ¿Qué opinan de Podemos y su cambio de actitud, no sólo en lo que les concierne directamente, sino también como estrategia de toma del poder? Lo veremos en este artículo publicado por la web misionverdad.com . No tiene desperdicio.

 

La indefinición de Podemos

 

En los últimos meses, el partido español Podemos pasó de estar a las puertas del poder a ser duramente criticado hasta por uno de sus propios miembros fundadores, Juan Carlos Monedero, cuando las encuestas lo bajaban en la consideración de los españoles. El descenso de este momentum político inicia, paradójicamente, cuando la directiva del partido decide distanciarse de Venezuela y tirarse hacia el ilusorio centro político, como consecuencia de la ofensiva de la “casta” (el PP-PSOE) para contener cualquier tipo de cambio. Pero, ¿qué otros elementos explican esta deriva y el ridículo de Pablo Iglesias ofreciéndose de mediador para que Felipe Gonzalez ingrese a Venezuela?

Para encontrar la respuesta, hay que entender que Podemos nació gracias a la oportunidad abierta ante una crisis económica, social y política que las elites españolas aún no pueden conducir hacia una situación de estabilidad y legitimidad en la que ellos mismos continúen siendo ejes ordenadores del caos progresivo al que están llevando a España como Estado-nación. Esto, además, se da en el marco de un acelerado proceso de reinserción internacional y regional como un peón de bajo peso en el nuevo orden globalizado y neoliberal dependiente de Europa, y también en el contexto de la revolución concentradora de riqueza que se da a nivel mundial.

Al haber una oportunidad no capitalizada por ningún actor político, Podemos hace su aparición desde los medios con operadores de impronta “outsider” y arma un discurso de cambio, transformación y conducción de la crisis. Y esto lo realiza bajo los significantes o términos vacíos que puedan aglutinar a la mayoría española descontenta y afectada, ya sea en términos de poder adquisitivo o sean directamente afectados por la pérdida de sus casas, empleos, la precarización laboral a gran escala y el desarme del Estado de Bienestar gracias a la reformas neoliberales de la troika.

Esta frescura, que pasó por encima del movimiento de los indignados e intentó ampliar y aglutinar a la base social del descontento, potenció a Podemos al punto que logró ser catalizador del mismo con el régimen post-Franco, y consiguieron que Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Juan Carlos Monedero y Teresa Rodríguez (entre otros) se convirtieran en líderes políticos con proyección de poder.

Luego de este momentum, Podemos se lanzó a armar los círculos electorales para territorializarse, y justo en este momento las elites españolas le tomaron la mano y desarrollaron una amplía, profunda y simbólica ofensiva contra sus principales figuras políticas. Las acciones tácticas de esta campaña se centraron en asociarlos a actos de corrupción y sobre todo en instalar en el imaginario colectivo que, de ganar, lo que gobernaría a España sería el fantasma que crearon de chavismo. La misma fórmula que se aplicó en la posguerra para demonizar a los movimientos de liberación europeos y mundiales bajo el fantasma del “comunismo”, y que incluso conllevó a la utilización de acciones militares encubiertas de la Otan luego adjudicadas a organizaciones comunistas (la red Gladio).

En este siglo XXI, claramente se puede decir que la demonización y manipulación de lo que es el chavismo a nivel mundial realmente demuestra la potencia y amenaza que representa para la oligarquía global la sola idea de modificación del statu quo. Ante esta realidad, el chavismo es el ejemplo a destruir simbólicamente en el imaginario colectivo para invalidarlo como nuevo modelo político, económico y social, y eso es a lo que apuntan en España.

 

La derrota de centro

Asediados con el acoso de “nos van a convertir en Venezuela”, el combo de Pablo Iglesias comenzó a pedalear en el aire, a sufrir el clásico culillo que vive la “izquierda” cuando observa el poder real frente a sus ojos. Así es que se explica que en vez de hacerse cargo de su pasado como colaboradores de segunda fila de Chávez, legitimaron que eso era una carga, un peso en la espalda, y perdieron la oportunidad de tomar dos caminos válidos: minimizar los aspectos negativos del sentido único creado sobre el chavismo y resaltar los elementos políticos dañinos que representa Venezuela para el actual régimen español, o directamente responder ambiguamente y no referirse más al tema.

En cambio, legitimaron la densidad y profundidad de la campaña contra Podemos por ser “chavista” y utilizaron el tema para desmarcarse y tirarse hacia el centro político con el fin de ablandar el discurso e intentar captar más de lo que podían captar, bajo una típica estrategia de marketing político de encuestas (no de disputa de poder real) que tipifica a Ledezma y Leopoldo López como “presos políticos” por conveniencia.

En sí, entraron lentamente en la politiquería a tal nivel que este derrotero termina con un Pablo Iglesias totalmente desdibujado dándole la serie Juego de Tronos al rey de España, convirtiéndose más en un hipster que en un político. Vaya súper cálculo electoral.

El régimen bipartidista y oligárquico, al llevar a Podemos al coliseo romano donde mejor sabe jugar, el centro político, el barro enredó a sus liderazgos en la anécdota de turno, puso a explicar cómo harían lo que “se debe hacer”, obligó a dar explicaciones tecnocráticas y no esperanzadoras, y paralelamente inventó un partido espejo de la “buena onda” (Ciudadanos), que con un liderazgo juvenil, apolítico y oenegístico, culminó por darle el toque final a la éxitosa estragia de contención de Podemos.

Todo esto derivó en una primera elección en Andalucía donde el realismo de centro le sacó votos con Ciudadanos, y comienza a presionarlo mediáticamente a que pruebe su viabilidad como gobierno al aliarse con el Psoe, uno de los dos partidos dominantes, para darle el quórum necesario en la Asamblea regional para que asuma el poder. Y eso surtió efecto, porque hasta tuvieron que hacer como que negociaban para dar por tierra cualquier tipo de acuerdo hasta el momento.

Es que tanto el Partido Popular (PP), como el Psoe, la monarquía, las trasnacionales, los bancos, manejan España como un feudo desde la corona hasta el presente y buscan la manera de actualizar el sistema y regenerarlo. Podemos, en este contexto, corre el serio riesgo de convertirse en un partido útil para contener el descontento dentro del sistema político español, y así darle la pluraridad inmóvil de centro que le faltaba para relegitimarse.

Y de darse esto, el “realismo mágico” de Mariano Rajoy continuaría vanagloriándose de haber sacado del desempleo al empleo precario a 420 mil de los 5 millones de parados con los que asumió la presidencia, como si nada hubiese pasado entre el salvataje bancario y el austericidio.

 

La inercia e indefinición

Cuando esto sucede, Juan Carlos Monedero y el resto de los iglesiasbelievers ingresan en una lucha libre de carajitos con pañales, y el primero renuncia al partido para ir hacia el basurero de la historia con la frase “la moderación puede desarmar a Podemos”, que pinta de pie a cabeza el actual momento político de este partido.

El mismo Monedero, que ante la primera dificultad salta del barco, afirma que se están pareciendo un poco a lo que critican. Así reafirma la falta de claridad política y la existencia de unos enemigos políticos que son viejos zorros del poder real y que no van a caer por dos o tres frases bien dichas en un programa de televisión con una colita de pelo y una sonrisa de niño bien.

Esta victoria política progresiva de “la casta”, además, se enmarca en la inercia de inmovilidad, statu quo, que algunos europeos califican de extremo centro y es lo que evacúa las demandas de los españoles. Esto representa un consenso que no se puede cuestionar, y que es básicamente el que sostiene las instituciones y los órdenes sociales, económicos y políticos que favorecen a la clase dominante.

A diferencia de Podemos, Syriza en Grecia comprendió esto y no entró en la politiquería, ni en el mal menor, ni en disfrazarse. Incluso, se declaró chavista y ganó las elecciones con la bandera unificadora de salvar vidas, no bancos, y ahora en el poder es cuando verdaderamente entra a disputar contra el poder real de Europa, pero desde una posición no de sumisión ni de abonar el statu quo sino de romper la inercia y abrir una grieta desde la responsabilidad de conducir un Estado.

Porque si una lección deja lo de Podemos es que la indefinición, la pose, el miedo a ser excluido del sentido común, no son estrategias políticas viables cuando se pretende romper un régimen atrincherado y armado para dar la pelea hasta su muerte.

Las similitudes entre la España de hoy y la Venezuela de ayer saltan a la vista. Chávez tenía muy claro que en un contexto de instauración neoliberal, cada postura y cada ataque desde la beligerancia política sería respondido con fuerza desproporcionada. Pues el sistema que se intenta tecnificar, al mismo tiempo que profundiza la miseria económica, debe apelar a la fuerza porque es la expresión de una política antinacional que esquiva cualquier vestigio de “representatividad democrática”, entrecomillada por lo limitado y ausente.

En ese instante la realidad impone su condición: sólo con una actitud seria, contundente y coherente se puede agrupar el descontento y transformarlo en fuerza política. Pero el guabineo y la ausencia de objetivos claros no convocan al desacato de lo que impone el 1%, sino más bien a refrendarlo, pues “es mejor malo conocido, que bueno por conocer”.

 

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1 comentario

  1. Marulanda
    23 Mayo, 2015
    Responder

    Podemos no es que aya echo un giro al centro,sino que a sido su marca,su estilo desde el primer momento!
    La fórmula de no definirse políticamente está en sus principios fundacionales!
    El resto de bagaje es circunstancial a cada momento.
    La pregunta clave es!Era un partido de izquierda que a moderado el discurso!o siempre a sido un partido socialdemócrata que inflaba sus proclamas?????????

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