De mujeres grandes y luchadoras, anónimas y conocidas, de #Gamonal al mundo


Hace casi dos semanas celebramos el 8 de Marzo, el día de la mujer trabajadora. Más allá de que algunos “feliciten” a sus compañeras de trabajo o amigas, ese día no debe hacernos olvidar que algo más de la mitad de la población mundial sigue discriminada por razón de género: son más pobres, sus tasas de paro son más altas, en mayor o menor medida no son dueñas de su futuro ni de su cuerpo, y en la mayoría de los casos realizan trabajos no remunerados que permiten la subsistencia familiar… y del sistema económico en que vivimos.

A poco que analicemos nuestra sociedad, y otras más patriarcales, veremos que si las mujeres no realizaran gratuitamente los cuidados de las personas más dependientes, la limpieza, la preparación de alimentos, y muchas otras tareas, los hombres no podrían disponer de tiempo suficiente para trabajar y realizar otras actividades “masculinas” que resultan indispensables para el sistema capitalista.

Frente a este panorama, y otros aún más desalentadores en el pasado y en otros lugares del planeta, siempre ha habido innumerables mujeres que se han alzado, bien luchando contra las opresiones de las mujeres, o bien estando codo con codo con sus compañeros masculinos en las huelgas, movilizaciones, o empuñando las armas, o bien en ambos escenarios. A pesar de que a menudo los varones menospreciaban sus opiniones, se reservaban las posiciones de poder, copaban las intervenciones públicas y se dirigían a ellas con una mirada paternalista.

En nuestro barrio conocemos bien el potencial de lucha de las mujeres. Desde siempre, han participado en las huelgas, ya sea como trabajadoras afectadas o como apoyo y acompañamiento desde la familia, y por supuesto sufriendo especialmente la carestía de servicios del barrio entre los 70 y 90, ya que habitualmente les tocaba asumir el cuidado de familiares dependientes.

Cada vez son más las que forman parte de los piquetes, y a menudo han estado en las barricadas junto a los hombres. Porque sí, en las últimas huelgas, y por supuesto en la lucha contra el bulevar de Gamonal, y también en los disturbios que tuvieron lugar en las manifestaciones contra la reforma de la plaza de toros, muchas mujeres ocultaron su rostro bajo una capucha o pañuelo. Otras, más mayores, pusieron su cuerpo frente a la policía para proteger de las agresiones a la juventud, llegando a sufrir ellas mismas algunos atropellos. Y muchas, de todas las edades, han participado en primera línea en las dinámicas asamblearias y en la organización de las campañas y actividades. Algún día deberemos rendir un homenaje a todas estas mujeres gamonaleras que han sido muchas veces invisibles, pero necesarias y protagonistas, a pesar de la discriminación. En Enero de 2014 se oía incesantemente decir cuántos cojones o huevos teníamos los habitantes de Gamonal. Pues hay que dejar bien claro que no sólo de testosterona viven las luchas; sin las mujeres, y sin respetarlas, nada se gana, ni merece ser ganado.

Hablemos ahora de otras mujeres, también grandes y luchadoras; algunas, también anónimas; otras, más conocidas; algunas, deliberadamente feministas; otras, simplemente luchadoras. Pero todas con algo en común: su determinación y empoderamiento.

Mariana Pineda

Nacida en 1804, fue una heroína “liberal”. En aquella época, ser liberal significaba aún luchar por las libertades y contra los abusos del poder. A la vuelta de Fernando VII, el borbón “felón”, que reimplanta el absolutismo en el reino de España, su marido debe pasar a la clandestinidad, y ella también desaparece. En 1827 ayuda a un primo suyo (conspirador liberal) a escapar de prisión. Fue también investigada por mantener relaciones con los “anarquistas” (liberales de Gibraltar denominados así por la autoridad real de la época). Hoy en día parece que colaboraba directa o indirectamente con el grupo de conspiradores que iniciaron varios levantamientos en Andalucía en 1831. Finalmente, la policía irrumpió en casa de Mariana Pineda y encontró la famosa bandera en la que podía leerse “Libertad, Igualdad y Ley”.

Posible reconstrucción de la bandera

Sin embargo, algunos investigadores creen que fue la policía quien introdujo esta bandera en casa de Mariana para incriminarla. De cualquier modo, fue el motivo principal del proceso contra ella. Tras un frustrado intento de fuga, fue ingresada en la cárcel de mujeres de mala vida del convento de las Arrecogidas en Granada. Dado el machismo de la época, parece que las autoridades estaban convencidas de que no era ninguna líder, y que simplemente esperaban que delatara a los cabecillas del movimiento liberal. Sin embargo, mientras otros detenidos cedieron, ella se mantuvo firme, y no colaboró en ningún momento con la policía. También se especuló con que el letrado de la acusación – algo así como un fiscal – estaba enamorado de Mariana y ella no quiso corresponderle. Lo que está claro es que este personaje se tomó el caso de Mariana como algo personal y forzó su condena a muerte, pese a la defensa tenaz del abogado defensor y el clamor popular. Parece que algunos liberarles pretendían liberarla mediante una operación el día de su ejecución, pero por motivos desconocidos faltaron a su cita y Mariana fue ejecutada con el cruel método del garrote vil el 26 de Mayo de 1831, pasando a ser un símbolo de la lucha contra el poder y la falta de libertades.

La II República reconoció a Mariana Pineda, la rehabilitó para la historia y la rindió homenaje con este sello.

Emma Goldman, “la mujer màs peligrosa del mundo”

Bautizada así por la prensa norteamericana de su época (finales del S. XIX y principios del XX),  llegó a convertirse en una auténtica pesadilla para el orden establecido norteamericano, y en el terreno de la liberación de la mujer su voz resulta plenamente actual. Inspirada en Bakunin y Nietzsche, fue portavoz y símbolo de innumerables luchas desarrolladas contra los abusos y arbitrariedades. Utilizó la doctrina anarquista para explicar la opresión que padecían las mujeres, pues sabía muy bien que la raíz de semejante opresión era más profunda que las instituciones. Aun así, cuando polemizaba con compañeros anarquistas, prevalecía su condición y conciencia de mujer.

En cada conferencia que daba sobre la situación de las mujeres, las autoridades dudaban si encerrarla ya antes. Finalmente, fue juzgada cuando explicó en público cómo debían ser utilizados los anticonceptivos.

Más tarde fue detenida de nuevo por oponerse a la participación de EEUU en la Primera Guerra Mundial. Delante del juez dijo: “Ninguna guerra se justifica si no es con el propósito de derrocar el sistema capitalista y establecer el control industrial de la clase trabajadora”. Después viajó a Rusia, su patria natal, simpatizando con la revolución; sin embargo, tras desatarse la represión contra los anarquistas, se convierte en una de las principales voces libertarias que denuncian el autoritarismo bolchevique, después de haber intentado mediar entre anarquistas y comunistas.

Proscrita en EEUU, acabó afincándose en Inglaterra. Pudo viajar a Canadá, publicar libros y visitar nuestra península en la Guerra Civil. Tras la victoria del fascismo, Emma falleció en 1940 de una hemorragia cerebral, dejando una huella importantísima en el anarquismo y feminismo que llega hasta nuestros días.

Las mujeres que empuñaron las armas en América Latina

Desde la ocupación española de Sudamérica, las mujeres siempre formaron parte de la resistencia a la opresión. El apasionante libro “Calibán y la bruja”, de la feminista Silvia Federici, explica cómo la condición de doble discriminación de las mujeres indígenas, negras, mestizas y mulatas las llevaba a quebrantar la ley para ganar autonomía y también para tener sus propias parcelas de libertad, por ejemplo en los mercados, además de sostener algunas experiencias libertarias en las que también participaron hombres, como las comunidades palenqueras (que todavía existen en algunas zonas de Colombia).

Llegando a la guerra de la independencia, a la gesta libertadora, nos encontramos con una mujer que desafió no sólo al imperio español, sino a todos los prejuicios de la época, de criollos libertadores y la iglesia católica: Manuel Sáenz.

Esta mujer fue apodada por Simón Bolívar como “la libertadora del libertador”. Ambos eran amantes, pero si esta mujer ha pasado a la historia de los pueblos no ha sido por ello. Desde el principio, fue parte de la conspiración contra los virreyes, reniendo un papel tan destacado que en 1822 se la entrega la condecoración de “Caballeresa del Sol”.

Tras separarse de su marido, sin ningún temor a las represalias de la iglesia, participa en varias contiendas militares contra los españoles. Más tarde, cuando las filas criollas reaccionarias apartan a Bolívar del poder y lo persiguen, Manuela le salva la vida enfrentándose a tres espadachines y facilitando a aquél su huida por una ventana. Finalmente, sufre un destino parecido al del Libertador: sus bienes son confiscados y muere penosamente de difteria; tanto su cadáver como sus efectos personales son incinerados.

Hoy en día, la Revolución Bolivariana ha recuperado su figura, y es un referente para las mujeres que sostienen el proceso venezolano. Mujeres que no sólo ocupan cargos institucionales, sino que participan decisivamente en los Consejos Comunales y las Misiones Sociales. No es exagerado decir que, sin ellas, la vertiente social y participativa de la revolución en Venezuela quedaría huérfana.

Por otro lado, en el siglo XX, y también en estos confusos años del XXI, han sido muchas las mujeres que han tenido un papel destacado en los movimientos guerrilleros que se enfrentaban a la oligarquía local y EEUU. Ya fuera en Cuba, Nicaragua, El Salvador o Colombia, hubo muchas mujeres que empuñaron las armas y arriesgaron o perdieron sus vidas luchando por sus ideales: la comandante sandinista Leticia Herrera, la salvadoreña María Mejía, las cubanas Haydeé Santamaría y Melba Hernández… y muchas otras.

Mención aparte merecen las mujeres que militan en las FARC-EP. Según algunas estadísticas, han llegado a formar el 40% de las personas que integran este movimiento guerrillero. Si bien es cierto que en el secretariado general nunca han estado representadas, muchas de ellas han sido capitanas y una de ellas, Tanja Nijmeijer (de origen noruego), forma parte de la mesa de negociación con el gobierno en La Habana. Para conocer más sobre la participación de las mujeres en esta guerrilla, puede verse el documental “Rosas y Fusiles, mujeres de las FARC-EP”, en el que ellas mismas explican cómo es su vida cotidiana en las montañas de Colombia.

Evidentemente, analizar el papel de las mujeres en las luchas sociales, políticas y armadas es imposible en una entrada de un blog. Entre muchísimas otras, nos quedaría hablar de las valientes mujeres kurdas del YPG que han derrotado al Estado Islámico y liberado la región de Kobane, la miliciana palestina Leila Khaled, las guerrilleras maquis que lucharon contra Franco, las sufragistas inglesas, y tantas otras, muchas desconocidas e ignoradas tanto por los estados capitalistas como por la izquierda. Si sólo fuéramos conscientes del papel que siempre han jugado, de cómo han sido doblemente discriminadas y oprimidas, y de cómo los varones, en demasiadas ocasiones, las desplazamos de las luchas… Con eso podríamos empezar a deconstruir la historia, elaborada con tinta patriarcal. Y quizás comenzaríamos a tener una óptica de género que nos permitiera relacionarnos desde una igualdad real, no pretendida.

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