Las claves de la Asamblea Constituyente de Venezuela y la coyuntura de fuerzas


Fuente: El Espectador

A pesar de las amenazas internacionales, a pesar de la coacción de los grupos terroristas de la oposición, las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela se han podido llevar a cabo. El contexto, donde la derecha, el capitalismo internacional (desde Trump hasta Rajoy) y hasta algunos grupos trotskistas han tratado de desmovilizar a la población, introduce un poderoso matiz para explicar los resultados. En medio de amenazas y atentados terroristas, la participación ha sido de un 41,5%, pero más allá de esa cifra hay que realizar varias consideraciones:

 

  • El bloque completo de la derecha se negó a participar, y sus seguidores no fueron a votar. No presentaron candidatos (al menos no de forma oficial), y se dedicaron a intentar impedir que estas elecciones se celebraran por todos los medios: no sólo argucias judiciales, sino amenazas de muerte a quien acudiera a votar, asesinatos de candidatos, atentados terroristas, un paro armado auspiciado por la patronal (que desde luego no colmó sus expectativas), cortes de calles con barricadas, llamamientos extremadamente violentos por redes sociales… Como decíamos, algunos grupos minoritarios del trotskismo se sumaron a esta campaña, si bien no emplearon tretas violentas. Esto no es nuevo: en algunas elecciones se llegaron a postular en la misma plancha (lista) que partidos de derecha, obteniendo siempre unos resultados paupérrimos (por ejemplo, 4.000 votos en todo el país en 2012).

 

Opositor apunta a la policía en la jornada de ayer
  • Por otro lado, hay que destacar que el sistema electoral venezolano es uno de los más transparentes y confiables del mundo; decenas de procesos electorales con observadores internacionales así lo atestiguan. Las “denuncias” de fraude de la oposición no valen un pimiento: por más fotos falsas o descontextualizadas que cuelguen en las redes sociales, no tienen ni una sola prueba de irregularidades. De hecho, de ellos sí se ha demostrado que hicieron fraude en las anteriores elecciones a la Asamblea Nacional: tres diputados opositores en Amazonas sobornaron a los votantes y por tanto no han sido reconocidos por el Tribunal Superior de Justicia. Aun así, la derecha los mantiene en sus puestos.

 

  • Por último, como de costumbre, hay rumores difíciles de contrastar sobre otras presiones al voto: empresarios que amenazan con despedir a quien vote en la constituyente, funcionarios que trabajan para el chavismo o la derecha que también podrían verse en tesituras delicadas según voten o no… y por supuesto hay que tener en cuenta la abstención tradicional, es decir, toda esa gente que tampoco vota en otro tipo de elecciones.

 

Teniendo en cuenta estos factores, se puede considerar que más del 41,5% quisieron participar en estas elecciones, votando para mostrar su rechazo a la derecha golpista e intentar desatascar la crisis política que sufre el país tras cuatro años de violencia fascista, guerra económica, agresiones de EEUU y sus cómplices en la región y problemas económicos que sin embargo no han impedido que el gobierno siga apostando por las misiones sociales. Es decir, que entre el gobierno de Maduro y la derecha posiblemente exista un empate técnico en la correlación de fuerzas, o incluso una superioridad del chavismo. ¿Por qué el gobierno ha cosechado unos resultados más que aceptables, dada la grave situación de crisis política y económica?

  • En primer lugar, no todas las personas que votaron son seguidores incondicionales del gobierno actual. De hecho, en estas elecciones la propuesta de Maduro ha obtenido más votos que en los últimos comicios (las elecciones a la Asamblea Nacional, donde la derecha consiguió la mayoría). Una buena parte, difícil de precisar, simplemente sabe quién es el enemigo: la derecha fascista, apoyada por Trump y Rajoy, que quieren revivir el golpe de Pinochet a Allende. Incluso parte de la clase media prefiere al gobierno de Maduro antes de entregar el poder a los sicarios que les chantajean, les bloquean sus urbanizaciones, les amenazan y linchan o queman vivas a personas por ser o parecer chavistas. Mucha gente pudo votar a favor de la oposición en 2015 pero ahora han visto al lobo sin la piel de cordero. Es decir, que al menos cerca de la mitad de la población NO quiere que gobierne la MUD, ni que se desmonten los logros sociales de la Revolución Bolivariana; eso sí está claro.

  • Por otro lado, como decíamos, es difícil precisar cuánta gente querría haber votado pero no se ha atrevido a hacerlo por las amenazas y la violencia de la derecha. En las urbanizaciones, en los barrios con presencia de los guarimberos, hay que ser muy valiente para que se sepa que has ido a votar. Existía la posibilidad de desplazarte a uno de los centros de contingencia, pero es difícil que los fascistas no se enteren. De hecho, con toda probabilidad estos grupos violentos agredirán y asesinarán a personas que han ido a votar.
Capturado por @_ju1_ entre otras amenazas
  • También es difícil precisar cuánta gente no ha querido votar pero tampoco votaría a la derecha en otro tipo de elecciones. Como decíamos, hay grupos minoritarios que se dicen chavistas pero han llamado a la abstención o voto nulo. En teoría, dada la crisis actual, se abre un espacio para la izquierda independiente del gobierno, pero hasta la fecha nunca han podido materializar logros electorales. Es posible que haya sucedido como en el referendo constitucional que propuso Chávez en 2007: una parte de la militancia chavista no lo veía claro, no sabía bien cuáles iban a ser las consecuencias concretas y se abstuvo, impidiendo que dicha reforma se llevara a cabo. Pero, como decimos, es muy difícil cuantificar la gente que no votó por esta razón.

Y, finalmente, ¿qué se espera que suceda tras la conformación de la Asamblea Nacional?

  • Las principales figuras del chavismo, los militantes de base que se han postulado como candidatos y los partidos principales del chavismo (PSUV, PC, y otros) han insitido en tres líneas: blindar constitucionalmente las misiones sociales y profundizarlas (es decir, que ningún gobierno pueda eliminar los servicios públicos y organizados por las comunidades sin consultar al pueblo); presentar nuevas formas de actuación política, profundizando en la democracia directa y participativa; y preparar una economía menos dependiente del petróleo, que no condicione la producción del país a los vaivenes de su precio en los mercados.

  • Estas elecciones también han supuesto una oportunidad de incorporar a las instituciones a muchos y muchas militantes de barrio, sindicalistas, mujeres, indígenas… remozando y renovando el perfil y las figuras públicas del chavismo. En cualquier caso, faltan todavía por elegir algunos representantes, que se completarán mañana, 1 de Agosto.
  • Y, por supuesto, cualquier reforma o cambio constitucional que se haya adoptado en la Asamblea Nacional Constituyente deberá aprobarse en referéndum universal. Es absolutamente falso que se vaya a convertir al país en una dictadura (algo que nos llevan repitiendo machaconamente desde 1999), ni que se vaya a imponer absolutamente nada a espaldas del pueblo. Es predecible que haya meses de trabajo, debates públicos y muchísima información (que sin duda será tergiversada por la prensa española).
  • Por otro lado, hay que señalar que a finales de año tendrán lugar otras elecciones: las de los estados (el equivalente a las comunidades autónomas españolas). Veremos cuál es el clima político que tendremos, pues desde luego se espera que la violencia golpista continúe y se incremente la presión de EEUU y sus aliados, con más sanciones y amenazas de intervención. Habrá que ver si la oposición participa (podría ganar muchos estados) o sigue en su actitud de derribar de forma violenta la Revolución Bolivariana.

Podemos decir, de nuevo, que ha pasado otra enésima fecha clave para Venezuela. La derecha podría haber participado, ya que además en el pasado reclamó muchas veces elecciones para una nueva constituyente, pero no quiso participar; sigue apostando por la escalada de tensión. Como explicó uno de sus diputados en Florida, consideran que las muertes y daños a la economía son una fase dolorosa pero necesaria para conseguir una intervención extranjera.

Desde luego, existe riesgo a medio plazo de que tropas extranjeras intervengan en Venezuela y se inicie una guerra civil. Una guerra que sería muy cruel, muy dura y larga, ya que si bien los y las partidarias de la Revolución están aguantando estoicamente la arremetida fascista, están más que dispuestos a defender con sus vidas los logros sociales y el empoderamiento de quienes hasta 1998 habían sido absolutamente marginados y despreciados por el estado venezolano y su oligarquía. Esperemos que ese escenario pueda evitarse; pero los Trump, los Felipe González, los Rajoy y las transnacionales están poniendo todo su empeño en ello; las reservas de materias primas que Venezuela guarda podrían ser su maldición.

Anterior Fascistas colombianos y venezolanos se hacen fuertes en el estado español
Siguiente #Venezuela : sobre la Constituyente, Smartmatic y los ataques a la embajada española

Sin comentarios

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *