Los planes de #Trump vs el Pentágono: panorama incierto


La victoria de Donald Trump en las elecciones norteamericanas ha levantado ampollas en casi todos los sectores políticos, salvo por supuesto en la ultraderecha europea. Desde la izquierda hasta la derecha neoliberal resuenan lamentos que hablan de la tercera guerra mundial, la ruina económica, la opresión, el retroceso a tiempos pasados… Llama la atención la unanimidad en el contundente rechazo al nuevo emperador. ¿Es éste un análisis serio? ¿La alternativa de Hillary Clinton era realmente mejor?

Sin duda, para amplios sectores de EEUU (mujeres, homosexuales y transexuales, inmigrantes y minorías étnicas) la victoria del magnate supone un gran revés. También para la preservación del medio ambiente. De eso no hay duda. Sin embargo, hay una gran incertidumbre sobre su política internacional, que como jefe del imperio afecta a todo el planeta. Además, hay que tener en cuenta los límites del poder del presidente: el poder económico, la burocracia estatal y los lobbies  modularán sus intenciones. Vamos a verlo por partes.

Política interna de EEUU

Donald Trump ha recogido el legado sureño estadounidense. Siempre ha habido sectores del Partido Republicano, y por supuesto de su base social, que han visto con desprecio cómo la élite del país se iba abriendo a los no-WASP (White Anglo Saxon Protestant). Aunque EEUU sigue siendo un país en el que las minorías tienen todo en contra (especialmente la población afroamericana), la falsa percepción de que los males económicos son causados por inmigrantes, que los negros son violentos y que los blancos ya no controlan el país ha animado a la clase trabajadora blanca a inclinarse por Trump. Cunde la convicción de que Obama y Hillary han sido cómplices de Wall Street y han estado más ocupados en invadir países lejanos que en mejorar las condiciones de vida de su pueblo. Conviene ver qué medidas propone Trump, y en cualquier caso ver si son algo distinto de lo que han hecho ya Obama y Hillary.

  • El racismo recalcitrante: más exclusión social.

Está claro que Trump endurecerá las medidas contra la población inmigrante. Habrá más expulsiones. Pero durante el gobierno de Obama no hubo avances sustanciales después del fallido intento de regularización de inmigrantes. El polémico muro que Trump propone construir en realidad ya existe en California y Arizona. Quizás no se conozca que en la última década se han organizado pelotones anti-inmigración con voluntarios civiles, en los que participan algunos personajes muy conocidos.

Así que las medidas de Trump no son una ruptura con la situación anterior; más bien se acentúa la tendencia antiinmigración. Muy sonada es la pretensión de que “México pague el muro”. Es una bravata, pero habría que preguntarse si México no ha pagado ya miles de millones de dólares en concepto de intercambio comercial desigual desde el tratado de libre comercio que entró en vigor en 1994 (NAFTA). Ha supuesto un desastre para las clases populares mexicanas.

Por otro lado, la población negra sabe que Trump también va a por ellos, y de ahí las numerosas movilizaciones y muestras de rechazo en sus mítines. Pero parece que olvidamos el récord de asesinatos de hombres y mujeres negras a manos de la policía de Obama. Asusta mucho más que un blanco sea racista, pero el anterior presidente no ha hecho nada serio por evitar el racismo institucional. Se centró mucho más en reprimir las manifestaciones del movimiento Black Lives Matter que por atender sus justas demandas.

  • El machismo descarado y los derechos de las mujeres.

Donald Trump ha alardeado de sus experiencias sexuales sin consentimiento previo. Sin duda, no hará nada por implementar la igualdad entre géneros y hará de Estados Unidos una sociedad más patriarcal. Se ha mostrado favorable a limitar el derecho al aborto, aunque legalmente lo tendrá complicado puesto que está blindado hasta los tres meses de embarazo, y a partir de ahí depende más de cada estado que del gobierno federal.

Llama la atención que a Hillary Clinton no le ha servido la jugada de erigirse en defensora de las mujeres. Desde Europa nos han presentado a una Hillary cuasifeminista, pero la realidad es que en EEUU la percibían más como un títere de Wall Street con una baja credibilidad. Se ha mostrado siempre muy lejana de los problemas de las mujeres trabajadoras. El hecho de estar siempre rodeada de celebrities ha agudizado esa sensación. Los problemas de Madonna, Lady Gaga u Oprah Winfrey no tienen mucho que ver con los que afrontan millones de mujeres con bajos sueldos o que dependen económicamente de sus maridos.

  • La política económica interna: grandes inversiones, bajadas de impuestos y la reindustrialización.

Las medidas económicas que se proponen, en clave interna, son en general congruentes en parte con la tradición del Partido Republicano. Se habla de bajar los impuestos (lo que siempre favorece a la burguesía, pero que en Estados Unidos es muy popular). También de acometer grandes obras de infraestructura para generar empleo, lo que en un Estados Unidos ya muy desarrollado y con un desempleo del 6% tiene el sentido de traspasar dinero público a los grandes constructores e industriales.

Más polémica es la intención de atraer a las industrias en el extranjero de nuevo a territorio estadounidense. No sabemos si lo hará por la vía de romper o limitar los tratados de libre comercio (de lo que hablaremos más adelante), o por incentivos fiscales, o por otro tipo de medidas. Las deslocalizaciones de las empresas (no sólo las multinacionales) han dejado desierto el cinturón industrial del noreste, lo que explica el hartazgo de la población frente al Partido Demócrata.

Habrá que ver cómo se lo toman Coca Cola y otras industrias que prefieren pagar sueldos de miseria en el extranjero que volver a reinstalar sus plantas en EEUU. Y hay algo que deberíamos ver con el tiempo: la pretensión de imponer impuestos especiales a los buitres de Wall Street. ¿Era sólo una pose para la campaña, o realmente quiere poner freno a los especuladores?

  • La sanidad

Donald Trump recoge plenamente el sentir republicano a la hora de defender la anulación del programa “Obama Care”. Esto parece una tragedia, pero en realidad Obama nunca construyó un sistema público de salud; todo quedó en obligar a los y las trabajadoras a contratar un seguro de salud y exigir a las compañías una cobertura un poco más barata y completa. Pero nada de sanidad gratuita o garantizada para cualquier problema de salud; Obama no llevó adelante este programa por carecer de mayoría en las cámaras de congresistas y senadores, y también por cobardía política frente al lobbie de la sanidad privada. Así que el cambio será relativo, más aún si Trump cumple con la promesa de que lo invertido en seguros médicos desgravará y pasará a formar parte del patrimonio familiar (podrá heredarse de padres y madres a sus hij@s).

 

Las grandes incertidumbres de su política internacional.

  • Rusia

No es ningún secreto que Trump se ha mostrado favorable a acercarse a Rusia. Ha elogiado el papel de Putin en el combate real al terrorismo en Oriente Medio. Por contra, Obama y Hillary azuzaron el fantasma de un supuesto hackeo de informáticos rusos para trucar las elecciones en EEUU a favor de Trump, algo que no tuvo mucha credibilidad.

La política de Obama y Hillary contra Rusia ha sido muy beligerante. Han rodeado a Rusia de bases militares y escudos antimisiles. Han atraído a muchos de los países fronterizos con Rusia a la OTAN, llegando a intentar golpes de estado en varios de ellos (algo que ya comenzó George Bush). Han implementado sanciones económicas, obligando a la UE a hacer lo mismo.

Y también parece que la expansión del fracking podía tener el objetivo colateral de abaratar el petróleo, algo que a Rusia le ha perjudicado notoriamente dado que es el tercer productor mundial.

Muchos progres, tras la demonización de Putin en los conflictos ucraniano y sirio, creen que un acercamiento de Trump sería algo terrible. Esto no tiene ningún sentido. La guerra caliente de EEUU a Rusia nos llevaba a una escalada bélica que podría acabar en una confrontación abierta. El mundo respirará más tranquilo si se relaja la tensión entre ambas potencias, y será más posible el desarrollo de proyectos políticos soberanos en muchos países que actualmente sólo son peones de Washington. Además, podrían resolverse varios conflictos armados.

  • Oriente Medio

Trump ha criticado abiertamente el papel de Estados Unidos en Libia, Irak y Siria. Ha afirmado que el Irak de Saddam Hussein era preferible a que fuera controlado por el Daesh. Esto, que es totalmente lógico, tiene mucha enjundia. Porque Trump ha acusado directamente a Hillary Clinton de crear el Estado Islámico y armarlo, con la complicidad de Arabia Saudí y las tiranías árabes. Hay muchas pruebas e indicios que apuntan en esa dirección. En este blog también hemos hablado de ello.

Además, Trump se ha mostrado contrario a desplegar tropas continuamente y a ejercer de “policía del mundo” por el enorme gasto que supone, que quiere desviar a otros proyectos. También ha hablado de luchar contra el terrorismo en Siria de la mano de Rusia renunciando a derrocar por la fuerza a Bashar Al-Assad.

Ojalá Trump cambiara la política de EEUU en este aspecto y dejara de aniquilar pueblos enteros financiando, entrenando y equipando grupos yihadistas junto con Arabia Saudí. Paradójicamente, el supuesto loco podría poner fin a las aventuras terroristas del gobierno anterior. Pero aunque ésas son sus intenciones declaradas, está por ver si su proyecto es ése realmente, y si el Pentágono y las petroleras se lo permiten. Lo que sí parece es que los saudíes dejan de ser un aliado militar de Trump, ya que financiaron la campaña de Hillary. El magnate dijo esto en plena campaña:

“El príncipe bobo de Alwaleed Bin Talal quiere controlar a nuestros políticos estadounidenses con el dinero de papá. No podrá hacerlo cuando yo sea elegido.”

Eso sí, en cuanto a Palestina e Israel parece que todo seguirá igual: Israel se esfuerza por atraerlo, llegando a afirmar que ahora el estado palestino se olvidará para siempre, y Trump ha citado a Israel como un aliado clave. Por lo que todo apunta a que se seguirá armando y financiando al estado sionista.

  • Ucrania

Si Trump quiere acercarse a Putin y, como dice, dejar de despilfarrar dinero en intervenciones lejos de Estados Unidos, debería dejar tirada a la junta neonazi de Kiev. Clinton y su departamento de Estado se esforzaron al máximo por derrocar al presidente Yanukóvich y llevar a Ucrania a la guerra civil en su aspiración de aislar a Rusia y meterle en un conflicto en su propia frontera. El resultado: un país completamente arruinado y dividido, que depende de continuos endeudamientos y no puede aplicar ninguna política seria, y que además es gobernado por un oligarca respaldado por milicias neonazis. De nuevo está por ver si el Pentágono permite a Trump dejar de intervenir y dejar caer el régimen de terror que han impuesto.

  • La OTAN

Trump ha afirmado que dejará de “proteger” al resto del mundo porque no le sale rentable, dado que con diferencia es el país que más recursos económicos aporta. Esto supone una auténtica pesadilla para las élites económicas, ya que la OTAN es el brazo armado del imperialismo económico de EEUU. Sin esta organización terrorista, ¿podrán seguir invadiendo y bombardeando cualquier rincón del planeta para sojuzgar a los pueblos y robarles sus recursos? Veremos si el Pentágono, la CIA y el poder económico le permiten a Trump dar carpetazo a la OTAN, o siquiera reformarla.

  • Tratados de Libre Comercio

En esto Trump ha sido muy claro: quiere cerrar, o al menos limitar, todos los tratados de comercio existentes y ya firmados, como el NAFTA con Canadá y México, o el TPP (transpacífico) o el TTIP (con la UE), con la intención de volver a traer la industria al país. Además, quiere establecer aranceles comerciales para otros países, aplicando el proteccionismo económico, con el fin de reindustrializar EEUU. Esto le ha granjeado el apoyo de la clase trabajadora blanca, que ha visto cómo las industrias se han ido deslocalizando fuera del país destruyendo puestos de trabajo.

De nuevo el fin de los tratados comerciales sería una buena noticia para los pueblos del mundo, puesto que suponen un saqueo y una limitación de las libertades. Pero de nuevo habrá que ver si el poder económico se lo permite.

  • Unión Europea

Trump también ha dejado claro que Europa debe preocuparse de sus propios asuntos y que Estados Unidos no va a “resolver” sus problemas. ¿Qué quiere decir esto? Pues que Trump recoge esta tradición aislacionista que EEUU tuvo hasta la II Guerra Mundial. Que prefiere centrarse en su área cercana de influencia. Podría incluso establecer aranceles más altos al comercio, como pretende con China y México. La mentalidad sureña-confederalista siempre añoró un imperio colonial en América y retraerse del resto del mundo. Lo que nos lleva al último ámbito internacional.

  • América Latina

Como decíamos, en parte Trump es representante de esa tradición sureña que reniega del resto de los continentes y siempre aspiró a expandirse en América. Evidentemente es algo que la política estadounidense nunca abandonó: más de 300 golpes de estado en Latinoamérica, más la invasión directa de Panamá en dos ocasiones, lo dejan bien claro, además de la siniestra Escuela de las Américas. ¿Qué repercusiones puede tener?

Con respecto a México, Trump ha hablado de este país, y sus pobladores, con sumo desprecio. Pretende romper el tratado comercial y limitar más la inmigración. Resulta un tanto paradójico, ya que México se ha subordinado a los intereses de EEUU desde principios del siglo XX. En el XIX el gobierno norteamericano robó más de medio territorio mexicano: California, Texas, Nevada, Utah, Colorado, Wyoming, Oklahoma, Kansas, Arizona y Nuevo México. Así que, por muy vendidos que estén sus gobernantes, el pueblo mexicano tiene muchos motivos para enfrentarse a Trump. Veremos cómo se resuelve este conflicto, de domento, diplomático.

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El futuro con Trump también parece sombrío para Cuba. Tras el tímido acercamiento de Obama (que apenas se ha concretado en algunas medidas migratorias y permitir viajes), parece que el Partido Republicano puede contar con el magnate para reforzar el bloqueo y quién sabe si más intervencionismo contra la isla.

En cuanto a Centroamérica, está por ver si Trump permanece alejado de ella y rompe con el golpismo de Hillary en Honduras y Paraguay, o si pretende reimpulsar el imperialismo en su zona próxima. O si continuará con la estrategia antibolivariana, o bien la dejará de lado. Todo está por ver.

 

Como puede verse, las intenciones declaradas de Trump chocan frontalmente con los planes del Pentágono y la administración de Obama-Clinton. Podría suponer un alivio relativo para Oriente Medio, un impulso para las políticas soberanas en Europa y un incremento de la presión en América. Pero está por ver cómo se resuelve esa aparente contradicción entre el nuevo presidente y el establishment yanqui. Veremos si comienza un nuevo mundo más multipolar o si continúa la agenda guerrerista. Todo es una gran incógnita. Lo que está claro es que Hillary estaba lejos de ser el “mal menor”, al menos para el resto del mundo. La destrucción de Libia, Siria, Irak y Afganistán dan un claro ejemplo de ello.

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