NO al aceite de palma, más allá de la salud: daños ambientales y paramilitarismo


La preocupación por la salud está motivando que se debata la prohibición o reducción del consumo de aceite de palma. Se trata de un ingrediente que en los últimos años se ha hecho presente en la gran mayoría de galletas, golosinas, masas y bollería, pero también en otros productos como el champú, el gel o la producción de biodiésel. Se sospecha que su consumo en alimentos podría aumentar la probabilidad de sufrir cáncer o accidentes cardiovasculares.

Lo que no es tan conocido son los estragos ambientales y humanos que su cultivo causa en los países en que se siembra masivamente. Nos centraremos en Colombia, pero el panorama no es muy diferente en Brasil o Indonesia.

Como se sabe, la violencia política o por motivos económicos en Colombia es claramente estructural. La oligarquía y las clases populares llevan décadas enfrentadas en un conflicto armado, y la posesión de la tierra es uno de los motivos fundamentales.

Los paramilitares y los narcotraficantes en buena medida son ahora los mismos agentes, fusionados, que han conseguido ser tolerados tácitamente por el estado hasta el punto en que infiltraron buena parte del congreso durante el mandato de Álvaro Uribe. El paramilitarismo pasó de ser una herramienta del estado y la oligarquía a convertirse en un movimiento propio con sus intereses específicos.

Pues bien, hasta finales de los años 90 los narcoparamilitares se contentaban con robar tierras campesinas para dárselas a los terratenientes o para plantar cocaína. Pero a partir de 1997 estos grupos comenzaron a involucrarse en negocios basados en la explotación de la palma aceitera. Continuaron robando tierras, amenazando o asesinado a sus pobladores y pobladoras, para exportar el aceite de palma a las multinacionales de la alimentación. En algunos casos, estas multinacionales ya eran amigas de los paramilitares: pregunten por Nestlé, Coca Cola o Chiquita Brands, por ejemplo. Además, deforestaron amplias zonas. Con este negocio, se refuerza el poder económico y militar de estos grupos mafiosos ultraderechistas.

El periódico colombiano “El Espectador” publicó este breve reportaje en que revela uno de estos casos de robo de tierras para plantaciones de palma aceitera, con la complicidad del ejército nacional y aparentando ser empresas legales.

Además del daño humano, la palma aceitera altera gravemente los ecosistemas: seca ciénagas, drena y contamina el agua y modifica el PH del suelo, volviéndolo más ácido e impidiendo que crezcan otras plantas. Muchas comunidades campesinas se han quedado sin agua, a pesar de vivir al lado de embalses, debido a la proliferación de estos cultivos.

Recomendamos encarecidamente ver el documental “Palma Aceitera y el Desplazamiento Forzado: El negocio de la muerte”, en el que se explica la lucha de los y las desplazadas para volver a sus territorios una vez fueron expulsados por los paramilitares para sembrar palma.

Además, con la palma aceitera pasa algo similar a lo que sucede con otras plantaciones masivas de cereales para obtener biocombustibles: se reduce la cantidad de terreno disponible para los cultivos de alimentos que se consumen en el propio país, con lo que suben los precios de la comida y se incrementa el riesgo de hambrunas. La alteración del ecosistema conlleva también un grave peligro para numerosas especies animales.

Así que como puede verse, existen variados motivos para NO consumir productos que contengan aceite de palma:  tu salud, la de tu planeta y la de l@s campesin@s e indígenas.

Revisa los ingredientes de los productos con cuidado, porque a menudo aparece camuflado con otros nombres como “aceites vegetales”, “grasas vegetales” “aceites” “grasa vegetal”,  y otros como “aceite de palma”, “palmitato”, “palmitate”, “palmate”, “palm” o “Sodium Laureth Sulfate”. Ten cuidado, porque si no lo haces es posible que estés consumiendo este aceite a diario.

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