No sólo @gabrielrufian : otros discursos incendiarios en las instituciones


Estamos acostumbrados al paripé institucional. Retóricas huecas, vacías, compadreos, críticas melifluas o el consabido “y tú más”. Esto es así porque el régimen que padecemos es fruto, en buena medida, del consenso de las principales fuerzas políticas. PP y PSOE pocas veces se muerden, y cuando lo hacen se ven obligados a contenerse porque ambos ocultan idénticas vergüenzas, y si alguien enciende el ventilador los dos acabarían pringados de la misma mierda.

Pero en ocasiones alguien se sale del guión. Bien por pura convicción, o porque se pierde la paciencia, o porque  se quiere provocar una reacción al airear las miserias ajenas. El discurso de Gabriel Rufián denunciando las contradicciones del PSOE ha llamado la atención, pero no ha sido el primero en saltarse el protocolo. Presentamos una muestra de intervenciones incendiaras; unas más conocidas, otras más silenciadas.

José Antonio Labordeta y su “a la mierda” al PP

El ya fallecido diputado por Chunta Aragonesista estaba interpelando a uno de los ministros de Aznar cuando la bancada derechista comenzó a abuchearle. El cantautor perdió la paciencia. No sólo mandó a la mierda a los diputados del Partido Popular, sino que les reprochó su pasado franquista. Entendía que le abucheaban porque la derecha no podía tolerar que quienes habían sido perseguidos por la dictadura pudieran ahora intervenir libremente.

 

Jon Idígoras denunciando el terrorismo de estado del gobierno de Felipe González

Sin duda, muchos lectores y lectoras no habrán escuchado esta incendiara y sólida denuncia de la práctica de la tortura, el terrorismo de estado, las actuaciones de la guardia civil y la corrupción de los partidos y la monarquía, en la misma cara del Señor X.

 

Sabino Cuadra: ni el rey padre, ni el hijo, ni el espíritu de Franco que anida en los dos.

El diputado por Navarra de Amaiur recuperó ese estilo de confrontación y denuncia de la izquierda abertzale en el Congreso. Muchas de sus intervenciones fueron incendiarias y consiguieron enfurecer a los diputados y diputadas del Partido Popular. Aquí dejamos dos. En la primera cuestiona la monarquía española y el régimen, y en la segunda llama a la ocupación, los escraches y las huelgas combativas. Se pueden ver otras aquí.

 

Xosé Manuel Beiras, posible récord de expulsiones de un Parlamento

El histórico diputado nacionalista siempre ha sido conocido por su temperamento. En numerosas ocasiones ha perdido la paciencia ante las cacicadas y mentiras del PP gallego, lo que le ha valido numerosas expulsiones desde el famoso zapatazo del año 1993 para dejar claro a Fraga que él no se doblegaba. Hace unos meses fue expulsado de nuevo cuando se levantó de su escaño para golpear el de Núñez Feijoo, que con gran cinismo aseguraba desconocer que su amigo Marcial Dorado era narcotraficante.

 

Más allá de las fronteras del estado español encontramos también intervenciones muy acaloradas en instituciones que suelen estar podridas hasta la médula.

Cidinha Campos, denunciando y llamando por su nombre a los corruptos en Río de Janeiro

La diputada del PDT se despachó a gusto sobre la corrupción de otros colegas de la cámara de Río de Janeiro hace ya unos cuantos años. Resulta problemático considerarla como un referente del movimiento popular, pero sin duda merece la pena ver la monumental bronca que echa a sus contrincantes por robar dinero del presupuesto sanitario infantil.

Hugo Chávez: “¡Aquí huele a azufre!”

La intervención del presidente venezolano ante la Asamblea General de Naciones Unidas fue muy conocida. No tanto el contenido del discurso, netamente antiimperialista y de denuncia de la agenda belicista de Estados Unidos e Israel contra los pueblos del mundo. Comenzó recomendando un libro de Noam Chomsky.

 

Los discursos reseñados destacan no sólo por saltarse el guión, sino por negar la lógica parlamentaria. Cuando alguien está convencido de que el sistema, la estructura política, es enemiga del pueblo, debe ser consecuente, y no considerar simples adversarios a aquellos que desde su cargo roban y permiten la explotación y el saqueo. Los representantes de la derecha y sus cómplices no son gente con la que “trabajar codo a codo” ni “dialogar” para llegar a acuerdos. Son el enemigo de clase, y una de las cosas útiles que se puede hacer en las instituciones es desemascararlos. Pero a menudo la “convivencia” con los títeres del capital lleva a personas pusilánimes a olvidarse de la denuncia y caer en el compadreo. Cuando los políticos de tendencias aparentemente opuestas tienen buena relación, suele haber gato encerrado.

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