¿Qué pasa en Nicaragua? ¿Otro “golpe suave” en América Latina?


Los medios, que ahora apenas hablan de Venezuela, comienzan a mencionar al país centroamericano. El guión parece estándar: “estudiantes” manifestándose contra el gobierno, represión, muertos, crisis social… contra un ejecutivo de izquierdas. Podríamos caer en la tentación de no realizar ningún análisis, de etiquetar la convulsión social del país como un paso más de la estrategia golpista diseñada desde Washington y amplificada por la prensa corporativa.

Y sí, evidentemente hay mucho de eso en lo que sucede en Nicaragua. La Nicaragua gobernada por el otrora heroico Frente Sandinista, que se convirtió en el referente de una generación de antifranquistas. Pero, evidentemente, no se pueden explicar las crisis con un brochazo tan gordo.

Por un lado, no es ningún secreto que el actual gobierno de Daniel Ortega, pese a gozar de las simpatías (al menos hasta ahora) de la mayor parte de la población, ha favorecido a algunos empresarios, cúpulas sindicales y cuadros de su propio partido, posibilitando el surgimiento de una nueva élite en el país. Por otro, ha tratado de buscar un equilibrio entre el progreso social del país y el desarrollismo económico. A pesar de formar parte del ALBA (Alianza Bolivariana de las Américas) y ser un aliado geoestratégico de procesos revolucionarios como el venezolano o el ecuatoriano, la economía y sociedad nicaragüenses no han sufrido una transformación socioeconómica como la de sus países vecinos. Más bien ha girado hacia otros actores económicos, tanto internos como externos. El ejemplo más patente es el de momento fallido canal que se había proyectado entre el Pacífico y el Atlántico, que construiría una empresa china.

Así que, resumiendo mucho (tal vez demasiado) tenemos tímidos cambios en la estructura económica y social, un asistencialismo estatal, programas sociales implementados por medio de las alianzas como Petrocaribe o el ALBA y una estructura militante que apoya al gobierno fundamentalmente desde los sindicatos mayoritarios. Pero también una oposición a los planes de EEUU y un acercamiento a otras potencias, así como una alianza estable con otros gobiernos progresistas-revolucionarios del continente.

Por ello EEUU está comenzando a maniobrar de manera más decidida contra Nicaragua. No necesitan que un gobierno sea socialista para derrocarlo; sólo que sea nacionalista, defienda su independencia política o se oponga a sus planes. Este es el contexto del que hay que partir para comprender la situación actual.

El detonante de la crisis: la reforma de las pensiones

Como decíamos, el gobierno de Daniel Ortega ha tratado de hacer equilibrios entre el bienestar social y la política económica. Y en medio de estas tibias directrices surgió una disyuntiva: tras haber incrementado notablemente el número de beneficiarios para las pensiones (indiscutiblemente, un logro), parecía claro que su financiación no era sostenible.

En lugar de aceptar el consejo del FMI (retrasar la edad de jubilación y las cuantías de las pensiones), el gobierno tomó otra decisión: fundamentalmente, subir las cotizaciones sociales de los empresarios y de los pensionistas, especialmente de los que cobraban mayores cuantías. Sorpresivamente, esta medida (que objetivamente no perjudicaba a la mayoría de la población) ha llevado a varios sectores sociales (entre ellos, por supuesto, la parte de la patronal que se declara enemiga del gobierno) a lanzar violentas y armadas protestas, reprimidas por la hasta hace poco respetada policía nicaragüense. Manifestaciones de apoyo y de rechazo al gobierno, con violencias encontrada y muertos de ambos bandos.

Evidentemente, estas protestas no son motivadas sólo por las pensiones, sino que los empresarios han aprovechado el descontento popular por las acusaciones de corrupción y clientelismo. El Gobierno ha llamado a un diálogo nacional, que no acaba de arrancar pese a que se han llegado a preacuerdos parciales con parte de la oposición política y algunos líderes sociales. Algunos ex-comandantes de la guerrilla respaldan al gobierno, otros piden más diálogo y otros se muestran claramente disconformes con el presidente Ortega.

En cualquier caso, dejamos aquí noticias y análisis contrapuestos de Resumen Latinoamericano, uno de los medios que más y mejor ha informado de todo lo sucedido.

Opinión. Nicaragua. Resulta que es una rebelión de empresarios

“Este régimen no es ni progresista ni de izquierdas”

Los nombres de 102 muertos desde que comenzaran las protestas en Nicaragua.

Nicaragua: del sandinismo heroico al bonapartismo nepotista y corrupto

Nicaragua: ¿Rebelión o contrarrevolución Made In USA?

La injerencia de EEUU: recogen firmas para pedir a Trump sanciones contra Nicaragua

Nuevos atentados y ataques incendiarios de opositores al gobierno

Gobierno y oposición se acusan mutuamente de violencia

Grupos armados actúan con total impunidad

 

Esperamos que cada cual lea y pueda intentar formarse una opinión. En cualquier caso, dos cosas (un tanto contrapuestas) deben quedar claras:

– La protesta social es legítima también contra gobiernos de izquierdas, o que digan serlo. El pueblo puede no sólo criticar a sus gobernantes sino removerlos y organizarse según considere, dentro del estado o fuera de él.

– La clase trabajadora no debe dejarse utilizar como un ariete por los empresarios o potencias extranjeras (EEUU). En la historia sobran ejemplos de tontos útiles, líderes vendidos y luchas traicionadas. Si esos sectores quieren un golpe de estado… que los muertos los pongan ellos. Con el fascismo, ninguna alianza.

Esperemos que los acontecimientos se reconduzcan, o al menos que no traigan otro ejemplo de golpe suave liderado por la oligarquía económica o una guerra civil instigada desde el exterior como la siria. En ocasiones es lo único que se puede desear.

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