Colombia: La policía tortura y asesina… viola, desaparece y descuartiza


Las protestas del pueblo colombiano contra su estado y la oligarquía que lo dirige, esas protestas donde se exigen mejoras sociales, reparto de la riqueza y poder popular, están siendo cruelmente reprimidas en Colombia. Algo que los y las manifestantes ya esperaban. Por ello la represión no ha conseguido acabar con las protestas; la sabiduría del pueblo ya lo anticipó y su valentía ha hecho que puedan resistir. Pero a un altísimo coste.

Las cifras son crudas. El mes de Junio acabó con al menos 75 asesinatos a manos de la policía y sus amigos “civiles” que disparan a las multitudes, al más puro estilo paramilitar. 83 personas han tenido graves lesiones oculares por los proyectiles lanzados por la policía (algunos, pura artillería ligera, con cohetes incluidos). Al menos una treintena de personas víctimas de agresiones sexuales por los uniformados, algo también habitual en estos sicarios. Se han producido unas 1900 detenciones arbitrarias y casi mil quinientas denuncias individuales de violencia policial, la punta del iceberg de los hechos reales.

Dejamos aquí el reportaje de Telesur sobre estas denuncias realizadas por las ONG Temblores e Indepaz, así como entrevistas a manifestantes.

Pero las cifras no son suficientes a la hora de expresar la crueldad de lo que ocurre. La violencia del estado colombiano, un estado que lleva 70 años masacrando a su población para garantizar la desigualdad y los beneficios de la oligarquía, se está dejando ver en sus expresiones más macabras.

Son conocidas las aberraciones cometidas por grupos paramilitares en el pasado, con pleno conocimiento y permisividad de los distintos gobiernos. Descuartizamientos con motosierras en las plazas de los pueblitos o aldeas, paracos que juegan a fútbol con las cabezas de sus víctimas delante de sus familiares o incluso un jefe que obligaba a sus sicarios a beber la sangre de sus víctimas. Fosas comunes y hornos crematorios donde hacían desaparecer hasta los huesos de sus víctimas para evitar dejar rastros. 400 presos políticos a los que asesinaron, descuartizaron y después echaron a las tuberías o de comida a los cerdos. Pues bien, en estas protestas también están sucediendo hechos similares. Destacamos algunos:

El panorama que nos deja la represión es desolador. Un estado criminal y genocida con su propia población, que compite con tiranías y regímenes coloniales como Indonesia, Israel o Arabia Saudí en capacidad de ejercer el terror y cometer crímenes de masas impunemente, sin ninguna consecuencia.

La Unión Europea no ha pedido explicaciones ni decretado sanciones, a diferencia de lo que hace contra otros estados que se atreven a iniciar procesos de cambio social y redistribución económica. El nuevo presidente estadounidense Biden, el amo de los perros de presa colombianos, no sólo hace la vista gorda, sino que envía a Colombia al director de la CIA para emponzoñar aún más la situación. Cabe recordar que EEUU ha instruido en crímenes contra la humanidad a miles de militares latinoamericanos en su Escuela de las Américas, con algunos alumnos aventajados como Pinochet, Videla o Rios Montt, y que ha creado, financiado y dirigido grupos paramilitares en cuatro continentes.

Y aún así el pueblo colombiano no cesa en su lucha, sigue resistiendo a tanta injusticia y tanto horror. Desde aquí todo nuestro homenaje, no sólo a las víctimas sino a tantos luchadores y luchadoras que arriesgan sus vidas por el bien común. En esta Europa decadente nos callan y atemorizan con dosis de represión muchísimo menores. Nos hemos vuelto cobardes y pusilánimes, y por eso nuestra esperanza está perdida. Honor y gloria a quien mantiene viva la lucha por la justicia contra el capital.

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