Cómo ahorrar energía en tu casa: paga menos, contamina menos, enriquece menos a las compañías (I)


Presentamos una serie de artículos en los que trataremos de explicar numerosas formas de ahorrar energía en nuestra casa. Y, ¿por qué? Pues por varias razones.

Por un lado, nuestro bolsillo. La factura de la luz y del gas no se abarata, y supone un mordisco mensual a la economía familiar de la clase trabajadora. Si conseguimos aliviarlo, viviremos un poquito mejor. Aplicando estas recomendaciones se puede ahorrar fácilmente en torno a un 10-15% de la factura de electricidad, en muchos casos más. En cuanto a la factura del gas, es más difícil evaluarlo, pero también podemos reducirla notoriamente. Vamos, que podemos ahorrarnos varias decenas de euros al mes.

Por otro lado, el planeta. La electricidad que consumimos en nuestras casas no es limpia. En su mayor parte proviene de fuentes altamente peligrosas y/o contaminantes, como la nuclear o la térmica. Pero la renovable tampoco es una panacea. No podemos llenar el planeta de paneles solares o molinos de viento; y aunque lo hiciéramos el modo de consumo occidental no podría nunca extenderse al resto de la humanidad. Sería el colapso energético definitivo. Y fabricar los paneles o molinos también contamina. Así que consumir menos energía es vital y urgente.

Y, por último, por sabotear a las compañías energéticas que lideran todo el mercado, que gestionan este terrible despilfarro y contaminación y cada vez son más fuertes, controlando a la población y sobre todo a sus gobiernos. Reducir sus beneficios, enfrentarnos a ellas, también es pelear contra el capitalismo y defender el planeta. Si el consumo energético en los hogares cayera, aunque sólo fuera un 10%, sería una gran noticia.

Obtenido de Público

También podemos cambiar de compañía y contratar la electricidad con cooperativas. O pincharla del suministro (nunca de otra familia, por supuesto); pero aun así deberíamos ahorrar energía.

Sin más explicaciones pasamos describir las medidas, recopiladas de decenas de fuentes. En el presente post nos centraremos, como dice el título, en los electrodomésticos.

 

1- El consumo fantasma o inútil

Se conoce como consumo fantasma al gasto de electricidad de nuestros hogares sin que estemos usando ninguno de ellos. Supone en torno a un 10% en la mayoría de los domicilios. Quizás os preguntéis cómo se produce, y sobre todo cómo se reduce…

Pues bien, hay varios electrodomésticos que siguen consumiendo energía aunque creamos que los hayamos apagado. Este maldito sistema capitalista los construye para eso. La televisión es el ejemplo perfecto. La apagamos desde el mando, sale el puntito rojo y creemos que apenas gasta… y no es así; el gasto no es cero, ni casi cero. Lo mismo ocurre, y peor, con decodificadores TDT, videoconsolas, minicadenas musicales, DVDs y aparatos de sintonización de Netflix, HBO, Vodafone, Movistar… si no los apagamos mecánicamente están gastando energía las 24 horas.

Otro ejemplo son los routers. ¿Realmente necesitamos que estén encendidos las 24 horas, incluso cuando no utilizamos internet o dormimos? Gastamos energía y estamos expuestos a sus ondas.

Siguiendo con la informática, las impresoras también tienen un consumo alto en stand by, y a menudo la dejamos en este estado durante varias horas. Y los ordenadores en estado de suspensión o modo fondo de pantalla también; la mala costumbre de bajar la pantalla del portátil en lugar de apagarlo tampoco ayuda a ahorrar energía.

Y, aunque hay mucho mito y se exagera, los cargadores de móvil también gastan energía aunque no estén cargando ningún teléfono. Es un consumo muy bajo, pero absolutamente inútil, por lo que deberíamos cambiar esa costumbre de dejarlo en un enchufe perpetuamente.

Otro electrodoméstico que podríamos meter en esta categoría es el calentador eléctrico de agua. ¿Realmente necesitamos que esté calentando agua las 24 horas? ¿Necesitamos agua caliente a todas horas, incluso cuando dormimos?

Y ahora la pregunta. ¿Cómo reducimos este consumo? Pues muy fácilmente. Hay dos cosas que podemos hacer y que valen para casi todos los aparatos.

1- Apagar mecánicamente los aparatos en lugar de ponerlos en Stand By. La forma más práctica es conectarlos a un “ladrón” con interruptor y apagar dicho interruptor cuando dejemos de usar la TV, el router, la minicadena, videoconsola…

2- Utilizar un temporizador-programador para definir cuándo los electrodomésticos deben activarse. De hecho, se puede conectar el temporizador a un ladrón si vamos a programar a la vez varios electrodomésticos. Esto es muy útil, por ejemplo, con el calentador de agua: podemos reducir el horario en que funciona para que no consuma electricidad mientras dormimos o estamos fuera de casa. Los programadores modernos incluso permiten adaptar el horario cada día de la semana. Una cosa: el temporizador sí debe estar encendido siempre.

 

2- Los principales electrodomésticos

La TV.

Ya hemos hablado de ella en la sección del consumo fantasma. Ahora añadiremos alguna cosa más. Para empezar, que es uno de los electrodomésticos que más electricidad gasta en los hogares.

La moda de comprar la pantalla “cuanto más grande mejor” (con el consiguiente incremento de precio) es bastante absurda. En una casa obrera normalmente no tenemos un salón tan grande como para poder aprovechar una TV de más de 40 pulgadas. ¿Por qué decimos esto? Pues porque el ojo humano no puede enfocarlas correctamente a menos de 2,5 metros, con lo que no sólo no la aprovechamos sino que dañamos nuestra visión y nos exponemos a dolores de cabeza. Si de la TV al sofá tenemos 2 metros, no debemos utilizar una mayor de 32 pulgadas.

Las TVs en 3D también tienen otro problema: el cerebro humano debe realizar un esfuerzo extra, por lo que nos producirá mayor fatiga. La moda de estar a la última también va contra nuestra salud en este caso.

En cuanto a los tipos de TV, los modelos LED son los que menos energía consumen. Y otra cosa que podemos comprender intuitivamente: cuanto más HD, más resolución, más definición, más wifi, más prestaciones… más gasto de energía. Aunque lo mejor, por supuesto, mirar las especificaciones técnicas y comparar. Aunque no siempre son fiables al 100%.

Y por último, una cosa obvia. Cuanto más tiempo esté encendida, más gasto de energía. No la conectes para que haga de “ruido de fondo”. No te tragues lo que te echen, selecciona lo que vas a ver. Sal más a la calle. Haz deporte. Queda con gente. Lee. Juega. La TV, además de gastar energía, nos atonta bastante.

– La secadora

Este electrodoméstico es en buena medida un atentado ecológico en sí mismo. Gastamos electricidad para que la ropa se seque… lo que es un proceso físico que se da por sí sólo. Con tal de ahorrar tiempo, compramos otro trasto y gastamos electricidad. Además, poco a poco estropea la ropa.

La alternativa, como decíamos, es dejar que la ropa se seque por sí misma. En la mayoría de las casas un pequeño extra de humedad ambiental viene bien, e incluso ayuda a regular la temperatura. Podemos colocar la ropa cerca de un radiador, o si preferimos tenderla fuera como toda la vida.

– La plancha

Al margen de que nos guste vestir con ropa sin arrugas, ¿realmente hay que planchar toda la ropa? ¿Las sábanas y ropa interior también? ¿La ropa de licra? ¿Las sudaderas? ¿Las servilletas?

Además de seleccionar la ropa que vamos a planchar y la que no, cada vez más gente desecha el planchado y en su lugar tiende la ropa de forma creativa para que no se arrugue, o incluso compra tejidos que normalmente mantienen una textura lisa. Aunque al final queramos plancharlos, será más fácil, nos llevará menos tiempo y gastaremos menos energía. Y otra cosa; podemos desenchufarla un poco antes de acabar, con las últimas prendas. El calor que retiene seguramente sea suficiente y nos ahorraremos un par de minutos de consumo.

– La lavadora

Normalmente utilizamos más detergente y suavizante del que necesitamos; deberíamos ir reduciendo la cantidad y comprobar si es suficiente. En cuanto a la electricidad, dos consejos. Uno, lavar la ropa en frío, no a 30º, cuando no haya manchas, y a la menor temperatura posible cuando las haya. Dos, no centrifugar a excesivas revoluciones. Estos dos parámetros, la temperatura y el centrifugado, pueden incrementar mucho el consumo y estropear nuestra ropa. Y, por supuesto, ser cuidados@s a la hora de lavar la ropa. Se entiende el lavado diario de la ropa interior, pero no del resto de la ropa.

– El frigorífico.

Es el electrodoméstico que más gasta, por el simple hecho de que necesariamente tiene que funcionar 24 horas. Por eso a la hora de comprar uno conviene revisar el gasto de energía y comprar el más eficiente que nos podamos permitir, y asegurarnos de que no genere hielo (actúa como aislante en lugar de enfriar). Además hay muchos consejos para reducir su consumo.

Normalmente el modo ECO es más que suficiente, a no ser que en verano queramos tener las cervecitas o refrescos especialmente fríos. Con una temperatura de 6 ºC en el frigorífico y de -18 ºC en el congelador debería bastar para conservar nuestros alimentos.

Descongelar los alimentos dentro del frigorífico es muy recomendable. Por un lado, ahorramos energía al ayudar al frigorífico a mantener la temperatura fría (por la misma razón NUNCA hay que introducir algo caliente o templado). Por otro lado, la descongelación es más lenta y se mantendrán las cualidades de la comida.

No hay que llenar el frigorífico de productos innecesarios, que no necesiten frío. De las conservas, pocas lo necesitan (las anchoas fundamentalmente). Cuanto menos lo llenemos, menos electricidad gastará.

Evidentemente, cada vez que lo abrimos entra calor, y el frigorífico consume más energía. Así que abrirlo lo justo y el menor tiempo posible.

Y otra cosa. El frigorífico expulsa el aire caliente por detrás. Por eso debe haber un pequeño espacio libre para que pueda salir y no deba gastar más energía en moverlo. A la hora de montar la cocina debemos tener cuidado de no empotrar demasiado el frigorífico para que no utilice más energía. También conviene limpiar bien esta salida de aire, para que no se llene de polvo y se obstruya, al menos un par de veces al año. Y no colocarlo en un lugar en el que le dé el sol, ni cerca del radiador: la temperatura exterior afecta al gasto de electricidad.

– El horno

Ya que consume bastante energía, conviene aprovecharlo. Es decir, llenarlo de comida. Por ejemplo, si ponemos pollo, en otra bandeja podemos poner patatas y pimientos en lugar de hacerlos en la vitrocerámica o cocina de gas.

Por otro lado, cada vez que abrimos el horno el calor se escapa, por lo que lo haremos las menos veces posibles y el mínimo de tiempo. Además, como sabemos, el horno conserva bien la temperatura, por lo que se puede apagar al menos un par de minutos antes de que la comida esté lista, y ahorramos ese consumo. O aprovechamos para calentar otras cosas en lugar de encender el microondas.

Además, es importante asegurarnos de que está bien aislado. Si la puerta no cierra bien, o hay huecos por los que se escapa el calor, gastará mucha más electricidad.

– La vitrocerámica

Al igual que el horno, la vitrocerámica retiene parte del calor aunque la desconectemos (sobre todo los modelos pre-inducción), así que podemos apagarla un poco antes de que la comida esté lista.

Conviene ajustar bien el tamaño de la sartén o cazuela al tamaño de la placa, en todos los modelos, aunque sobre todo en los que no tienen inducción. Y, siempre que podamos, utilizar la placa más pequeña. Y centrarla lo máximo posible.

Para que los alimentos tarden menos tiempo en cocinarse, hay varios consejos que valen también para las cocinas de gas:

a) Tapar la sartén o cazo para que el calor no se fugue.

b) Cortar la comida en trozos más pequeños para que se cocinen antes.

c) Por supuesto, cocinar todo de una vez consume menos energía que hacerlo en varias veces. Así que es mejor llenar bien una sartén o cazuela aunque luego lo vayamos a recalentar.

d) La olla exprés, ese gran invento. Los tiempos de cocción para cualquier alimento se reducen increíblemente.

Por último, si vamos a cambiarla, las vitrocerámicas de inducción consumen bastante menos, sobre todo porque sólo calientan la superficie que está en contacto con la placa.

– El microondas

El proceso de fabricación de este electrodoméstico contamina muchísimo, y sus componentes son difíciles de tratar como residuos. Así que el mejor consejo sería procurar que nos dure lo máximo posible (consejo que es válido en general para cualquier aparato).

El principal consejo para ahorrar, como es obvio, sería calcular bien el tiempo que necesita cada porción de alimento para calentarse. Los alimentos siguen cociéndose por dentro después de sacarlos, así que se puede reducir el tiempo de las recetas.

Otros consejos serían asegurarnos de que esté limpio (los restos de comida absorben la energía) y cortar los alimentos en trozos pequeños como decíamos con la cocina.

– El lavavajillas

Es un electrodoméstico que, bien usado, ahorra mucho agua. En cuanto al gasto de energía, hay más polémica en cuanto a si gastamos más o menos lavando a mano con agua caliente o templada.

Normalmente el modo ecológico, o de temperatura más baja o tiempo más corto (según el modelo) es suficiente para lavar bien cualquier vajilla. De hecho, las temperaturas altas pueden dañar decoración o recubrimientos de platos, tazas, sartenes o cazuelas (estas dos últimas no deberían nunca introducirse, como tampoco los utensilios de madera).

Hay otros consejos:

a) No “prelavar” ni aclarar demasiado los platos o vasos antes de introducirlos. Hay que retirar el sólido, pero no el resto. De hecho, los detergentes necesitan reaccionar con la suciedad porque de lo contrario no se eliminan y pueden incluso producir atascos en el desagüe.

b) Llenarlo siempre para usarlo las menos veces posibles. Colocarlo de tal forma que se aproveche el espacio y la superficie de la vajilla esté expuesta al agua.

c) Limpiar regularmente los filtros y suciedades que queden en el interior.

d) Si nos toca comprar uno nuevo, elegir uno más eficiente consultando los gastos de energía.

Si fregamos a mano, también hay consejos para ahorrar agua y energía. Retirar restos sólidos antes de fregar, cerrar el grifo mientras se enjabona y aclarar toda la vajilla de una vez.

 

Y hasta aquí llega hablar de los electrodomésticos. Para otros posts dejamos la iluminación, la calefacción y climatización y el análisis de la potencia contratada.

Para acabar por hoy, insistir de nuevo en lo que comentábamos al principio. Es posible que estemos cerca del colapso energético, del fin de la economía del petróleo. Además, el cambio climático ya está aquí. El capitalismo no va a ofrecer soluciones, como no sea cortarnos la electricidad y abandonarnos a nuestra suerte. Tenemos derecho a una vida digna, y la energía es importante, pero no podemos agotarla. No tenemos derecho a acabar con el planeta ni a condicionar la existencia de miles de millones de personas que sufrirán las consecuencias de la contaminación y aumento de temperatura sin haber contribuido a todo este despilfarro. Y, por supuesto, es necesario acabar con la sociedad industrial. Los coches por millones, las fábricas por miles, no pueden ser el paisaje habitual de nuestras ciudades. Ya lo estamos pagando; o mejor dicho, lo están pagando otros pueblos del planeta que apenas han contaminado.

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