Por qué no aplaudimos a los “donantes”


eljueves.es

En medio de esta crisis sanitaria y social, no dejan de aparecer presuntos filántropos que realizan donaciones de diverso tipo a la luz de las cámaras y ocupando titulares. Hay toda una jauría de tertulianos, políticos y columnistas que cargan contra quienes se atreven a analizar estas donaciones con amplitud de miras. El ejemplo más lamentable es Isabel Ayuso, que cada día ha estado esponsorizando a diferentes empresarios en la comunidad de Madrid. Por nuestra parte vamos a aportar algunos datos y reflexiones.

De sobra es conocido el hecho de que el fraude fiscal, en sus vertientes legales y alegales, es amplísimo y muy cuantioso en el estado español. Es más, desde que se comenzaron a coordinar las políticas fiscales de la Unión Europea, y muy especialmente desde la crisis del 2008, se han tomado una serie de medidas económicas que han beneficiado de una forma escandalosa a todos estos ricachones que ahora se quieren presentar como benefactores desinterados. A pesar de ello, estos ricachones se siguen quejando amargamente de que, a su juicio, no tenemos suficiente flexibilidad laboral y hay excesiva carga fiscal. Con sus falsas lágriman engrasan las bisagras de sus cajas fuertes, repletas de dinero negro, y cuentan con el apoyo incondicional de la banca.

En cualquier caso, no está de más recordar parte de lo que han hecho el estado español y la Unión Europea en las dos últimas décadas:

– Creación de nuevas figuras empresariales, como las conocidas SICAV (Sociedades de Inversión de Capital Variable), donde los más ricos sólo pagan el 1% de sus beneficios.

– Eliminación o reducción del impuesto de sucesiones y del impuesto a las grandes fortunas. De hecho, algunas comunidades autónomas como Madrid se han lanzado a la carrera de ver quién baja más los impuestos para conseguir más capital en sus territorios, alentando incluso la guerra fiscal contra Cataluña.

– Reducción de las cotizaciones a la seguridad social de las empresas en muchos supuestos.

– Relajación ante el fraude fiscal, llegando incluso a una escandalosa amnistía de la que se beneficiaron desde parientes del rey hasta numerosos empresarios y mafiosos.

– En la práctica, legalización de la evasión y elusión fiscal, tanto dentro como fuera de la Unión Europea, incluso de las empresas españolas con sus centros de trabajo y venta dentro del estado español.

– Permisividad e incluso aliento de la deslocalización de los centros de trabajo y la subcontratación a esclavistas, llevando la producción a países sin regulaciones laborales ni fiscales, beneficiándose de todo tipo de abusos (incluido el trabajo forzado infantil).

– Sucesivas reformas laborales que han permitido e incentivado despidos baratos, bajadas de sueldos y mayor flexibilidad para exprimir a la gente.

– Negligencia sistemática de las inspecciones de trabajo (en buena medida porque el estado no ha querido dar medios) a la hora de investigar las horas extra no remuneradas ni cotizadas a la Seguridad Social.

– Privatización de servicios públicos, que en muchos casos ha enriquecido notoriamente a grupos empresariales que reciben cuantiosas subvenciones y ayudas (especialmente en la sanidad) mientras racanean con sus inversiones y ofrecen un servicio más que cuestionable.

Como resultado planificado de todo lo anterior, ahora tenemos una gran concentración de la riqueza y un gran aumento de la pobreza. Cada vez menos manos tienen más dinero.

¿Y ahora, después de que toda esta mafia de empresarios sin escrúpulos se han enriquecido y nos han empobrecido, que han llenado sus cajas con beneficios procedentes del fraude fiscal y la explotación sin límites, debemos agradecerles de que donen unas migajas? ¿Cuánto supondría que hubieran tenido que pagar impuestos relativamente justos? ¿Cuánto hubieran ganado pagando salarios dignos y tomando medidas efectivas contra los abusos a la infancia y llevando seguridad a sus centros de trabajo?

Para nosotros la respuesta está clara. No sólo no debemos agradecerles nada, sino que ojalá pudiéramos expropiarles o colectivizar sus medios de producción y hacer justicia, al menos en lo económico.

Para concluir, vamos a recordar algunos hechos relativos a dos de los personajes que se han beneficiado de todo este mercadillo de exención de impuestos y venta de trabajadores: Amancio Ortega y el rey.

El oligarca de Inditex, como es sabido, tiene la mayor parte de su producción en países que apenas tienen regulación laboral efectiva. Se sabe que en Bangladesh, por ejemplo, subcontrata su producción a “empresarios” locales. El sector textil es conocido en Asia como un mercado laboral no sólo precario, sino donde abunda el trabajo infantil y la seguridad está totalmente ausente. Podemos recordar la gran tragedia, el gran crimen, del hundimiento de la planta de Rana Plaza, donde murieron 1134 personas. No está claro si Inditex tenía allí contratada la producción (lo niegan, evidentemente), pero otras fábricas del país tenían similares condiciones de infraseguridad. Y en Brasil, la compañía de Amancio Ortega ha sido fuertemente multada por trabajo semiesclavo. En cuanto a los impuestos, está claro que Inditex y otras compañías pagan muchos menos impuestos que hace diez años gracias diversas maniobras financieras que en la mayoría de los casos son legales en este infame capitalismo que padecemos. En lo laboral, en los últimos años se han producido varias huelgas para intentar mejorar las precarias condiciones laborales que padecen en Galicia y Bélgica, y también ha habido fuertes protestas en Bangladesh. Y, por supuesto, no se han resistido a la tentación de aplicar un ERTE: para nada más y nada menos que 25.000 trabajadores y trabajadoras; el estado será quien pague las nóminas, o al menos su mayor parte.

Actualización a 13-4-20: Inditex rectifica y da marcha atrás al ERTE, aunque no descarta aplicarlo más adelante.

Así que nada. No le vamos a hacer la pelota a este desgraciado. Que le laman las botas sus bienpagados tertulianos y los responsables políticos de su riqueza. Mientras millones de trabajadores y trabajadoras arriesgan su salud para luchar contra la pandemia y que el resto de la población pueda sobrevivir, no permitiremos que éste y otros vampiros se cuelguen medallas con nuestro beneplácito.

Y en cuanto al rey emérito y al rey oficial… la verdad es que poco hay que decir que no sea obvio, público y notorio. Se han ido publicando noticias en los últimos años sobre su enriquecimiento casi ilícito (lo sería si no fueran los reyes) , pero la corona ni siquiera ha contemplado la idea de donar dinero. Son lo peor, rácanos hasta el tuétano; ni para mejorar su imagen son capaces de gastar un euro. Ni son creativos tampoco: podrían conseguir pasta ajena y presentarla como suya, como han hecho en el pasado, y quedarían bien ante la plebe de gratis. Pero nada, no les llega.

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